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El año en que Nadal
y la selección pusieron a España de moda
La histórica victoria de Rafael Nadal en Wimbledon 2008 y la notable progresión de los jugadores españoles en el césped de este torneo abren una nueva etapa para el tenis nacional y pone una guinda perfecta al año en el que España se puso de moda en el deporte mundial.
Fue el Wimbledon de la euforia, de las lágrimas, de la épica, de la final masculina más larga que se recuerda en este grande (4 horas y 48 minutos) entre los dos amos de la raqueta. Fue, en suma, el Wimbledon que marcó un antes y un después respecto a las aspiraciones de la "Armada", que ya no se siente incómoda lejos del polvo de ladrillo.
El deporte español ha ascendido un peldaño más y se ha convertido en el centro de todas las miradas. Mientras Nadal ventilaba los primeros obstáculos del torneo con precisión de torero,
la España de Luis Aragonés desataba la locura al derrotar a Alemania y proclamarse, 44 años después, flamante campeona de la Eurocopa y situarse primera en el ránking de la FIFA.
España se tiñó de una marea roja que salpicó otras capitales europeas.
La londinense Trafalgar Square, por ejemplo, fue tomada
por miles de españoles. Fue un completo delirio en
Inglaterra, la cuna del fútbol, además de un anticipo de
lo que ocurriría siete días después en Londres, la
capital mundial del tenis. Nadal derrochaba poderío para asestar golpes mortíferos al alemán Andreas Beck, al letón Ernests Gulbis, al germano Nicolas Kiefer, al ruso Miiail Youzny, al escocés Andy Murray -haciendo trizas las esperanzas británicas-, al alemán Rainer Schuettler y, ahora también aquí, al suizo Roger Federer.
Nadal asestó el golpe letal para obligar a claudicar al campeón y abrir nuevos horizontes en el tenis español. Recogía así el testigo del gran Manolo Santana cuarenta y dos años después.
El ciclón Nadal arrasó el año en el que Pau Gasol, otro gigante español, alcanzó por primera vez una final de la NBA.
Antes el propio Rafa había sumado su cuarto Roland Garros. Alberto Contador se llevó el Giro y el mismo día que Nadal derrotó a Federer en la final más grande en Londres, Alejandro Valverde se enfundó el maillot amarillo.
El año de España, en definitiva.
Con la explosión balear, España se sitúa en primera línea del deporte mundial. La prensa extranjera en Wimbledon hace sus cábalas y se pregunta dónde esta la clave. ¿Qué ha cambiado en la mentalidad de este país?, ¿Por qué ya no es sólo Nadal, sino que el resto de la flota española ha navegado más lejos que nunca en Wimbledon?
No sólo se habla de tenis, la gloria no es tan solo deportiva.
En Wimbledon, España logró ser el país con más representantes en la segunda ronda (le siguió Francia)
batió un récord cuando clasificó 9 tenistas masculinos para la segunda fase, superando en uno al número obtenido en el 2004.
La hierba dejó de ser árida. Ya no resbalaba a los especialistas en tierra. El quinto favorito,
el alicantino David Ferrer, se consagraba en el Abierto holandés de Hertogenbosch, tras derrotar al francés Marc Gicquel; y el madrileño Fernando Verdasco llegaba a la final del torneo de Nottingham, que ganó el croata Ivo Karlovic.
En Wimbledon, el toledano Feliciano López se dejaba la piel por una plaza en la semifinal contra el ruso Marat Safin.
Incluso en la categoría femenina, María José Martínez estuvo muy cerca de hacerle un set a la pentacampeona Venus Williams.
Fuente: EFE
(ver artículo completo) | 7 de julio de 2008 |